Cuaresma y Éxodo

El Éxodo es muy importante en la Cuaresma. El Éxodo no es solo un libro de la Biblia donde se cuenta una historia antigua. El Éxodo es el acontecimiento fundante del pueblo de Israel. El pueblo de Israel llegó a ser tal por la intervención prodigiosa de Dios en el Éxodo. Israel salió de Egipto y fue conducido a la Tierra Prometida. Pero ¿por qué no pasaron directamente a la Tierra Prometida? ¿Por qué anduvieron por el desierto 40 años, dando vueltas, haciendo camino para el que hubieran bastado unos pocos días o semanas? Por que Israel había salido de Egipto, pero Egipto todavía tenía que salir de Isarel. La Libertad había comenzado, pero todavía no era plena. Y aquí tenemos la Cuaresma. Hemos salido del pecado pero el pecado todavía tiene que salir de nosotros. Por eso no entramos en la Vida Eterna inmediatamente. Tenemos que hacer un camino de conversión. Eso es lo que nos recuerda la Cuaresma. Jesucristo ha hecho su Éxodo, de este mundo al Padre,  a través de la Cruz. Nosotros hacemos, con Cristo nuestro Éxodo, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida. Pero el pecado tiene su recorrido, la muerte tiene su recorrido. Y esta es nuestra vida. Este es nuestro éxodo.

Es bueno que nos fijemos en Moisés. ¿Quién es Moisés? El único que no cuestiona a Dios, el único que no le dice cómo tiene que hacer las cosas o como tendría que haberlas hecho. Él también sufre el desierto, tampoco comprende – ¿no estábamos mejor en Egipto? -, pero no se encara con Dios, si no que le escucha, y le obedece. El es el único que tiene puesta la vista en la Tierra Prometida, los demás solo ven de tejas para abajo, por eso él puede guiar a su pueblo. Por eso Jesús en el Evangelio, a los que no comprenden y protestan, les dice, acordaos del Éxodo y fijaos en Moisés. Eso es lo que hay que hacer.

Cuaresma, tiempo de escuchar, confiar y obedecer. Poner la vista en la Vida Eterna.